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El Coloso: Segunda Parte

El Coloso: Segunda Parte

  09-05-2018     nacional      Luis Farias Mackey

No pasó mucho tiempo para que España perdiese la Florida: la noche del 23 de septiembre de 1810 (ocho días después del Grito de Hidalgo en Dolores) en la Florida se gritó ¡Uurra Waschintown! El Fuerte de Baton Rouge con sus 28 defensores fue tomado e izada una bandera con una estrella. Tras independizar la Florida Occidental los rebeldes solicitaron al Presidente Madison su anexión a los Estados Unidos, éste se negó a reconocerlos, sin negar por ello la anexión pretextando que la Florida era territorio estadounidense, hasta el Río Perdido ¡desde 1803! Poco después ese territorio se estiró hasta el Río Perla para abarcar así hasta Luisiana. Para 1812 el territorio se constituye en un estado más de la Unión.

La Florida oriental permaneció española por unos años más. Ya en 1808 Jefferson escribe a su Secretario de Guerra: “Nuestro deber es tener fija la vista en el asunto (las Floridas), reuniendo y estacionando nuestros nuevos reclutas y nuestros buques de guerra, a fin de estar listos, si el Congreso lo autoriza, a dar el golpe en el momento oportuno (…) Debemos tomar a Mobila, Panzacola, San Agustín, etc. Podemos usar el pretexto, para tomar posiciones cerca del Río Santa María y de Tombigbee, de que nuestro propósito es velar por el cumplimiento de la ley del embargo(9) ”.

Mobile sería tomada sin disparar un tiro (1812), en 1818 Andrew Jackson se apoderó de San Marcos de Apalaches y Pensacola. En febrero de 1819(10) Luis de Onis, representando a España, y John Quincy Adams, a los Estados Unidos, firman en Washington la cesión de España a los Estados Unidos de la Florida oriental y el reconocimiento tácito de la soberanía norteamericana sobre la parte occidental. Estados Unidos renunciaba a su “derecho”(?) sobre Texas. Aunque cabe señalar que los Estados Unidos no ratificaron este Tratado sino hasta 1832 y entró en vigor hasta 1836(11) por dilaciones de los mismos y avidez por más territorio.

España pierde así las Floridas y sus derechos sobre lo que luego vendría a ser el estado de Oregon. Estados Unidos y España fijan la frontera norte de lo que pronto devendría en México. El límite quedó ubicado por los ríos Sabinas hasta el paralelo 32° 2’, de ahí al río Rojo, y de éste al meridiano 100; de aquí al río Arkansas y su nacimiento, y de este punto, por el paralelo 42°, al Pacífico.

Manuel Zoraya, primer Ministro del México independiente en Washington escribe el 26 de diciembre de 1822, haciéndose eco de lo anunciado por Aranda 41 años antes, “la soberbia de estos republicanos no les permite vernos como iguales, sino como inferiores; su envanecimiento se extiende en mi juicio a creer que su Capital lo será de todas las Américas(12) ”. Zozaya agrega una realidad a la vieja previsión: “aman entrañablemente a nuestro dinero, no a nosotros, ni son capaces de entrar en convenio de alianza o comercio sino por su propia conveniencia, desconociendo la recíproca(13) ”. Tras de ello culmina con dos presentimientos: “Con el tiempo han de ser nuestros enemigos jurados, y con tal previsión los debemos tratar desde hoy, que se nos venden amigos (…) En las sesiones del Congreso General y en las sesiones de los estados particulares, no se habla de otra cosa que de arreglos de ejército y milicias y esto no tiene sin duda otro objeto que el de miras ambiciosas sobre la Provincia de Texas(14) ”. No se equivocaba, para John Adams el “pueblo de la (…) América (española) era el más ignorante, el más supersticioso de todos los católicos romanos (…) (El) que (…) un gobierno libre (…) se introduzca y establezca entre esta gente, en todo ese vasto continente o cualquier de sus partes (…) me parece a mí (…) tan absurdo como lo serían planes similares para establecer democracias entre pájaros, las bestias y los peces(15)”. Es el mismo Adams en carta a James Wilkinson quien expone sin pudor alguno la voracidad del coloso: “la gente de Kentuky, afirma, está llena de ansias de empresa y aunque no es pobre, siente la misma avidez de saqueo que dominó a los romanos en sus mejores tiempos. México centellea ante nuestros ojos. Lo único que esperamos es ser dueños del mundo(16)”. Destacan del texto los vocablos “avidez” y “saqueo”, así como el propósito de adueñarse del mundo.

Antes de él, el propio de Onis, representante español, escribía al Virrey de la nueva España, Francisco Javier Venegas, en casi cita de lo que había repetido Aranda desde 1762: “cada día se desarrollan más y más las ideas ambiciosas de esta república, confirmando sus miras hostiles contra España. V. E. se halla ya enterado, por mi correspondencia, de que este Gobierno se ha propuesto nada menos que fijar sus límites en la embocadura del río Norte, o Bravo, siguiendo su curso hasta el grado 30, y de allí, tirando una línea recta, hasta el Pacífico, tomando, por consiguiente, las provincias de Tejas, Nuevo Santander, Coahuila, Nuevo México y parte de las provincias de Nueva Vizcaya y de la Sonora(17) ”. Onis añade que los planes norteamericanos incluyen también a Cuba “como parte natural de la república(18)” y algo más, “los medios que se adoptan para preparar la ejecución de este plan son que Bonaparte y la república romana adoptaron para todas sus conquistas: la seducción, la intriga, los emisarios, sembrar y alimentar disensiones en nuestras provincias de este continente, favorecer la guerra civil(19) ”.

En 1822(20) llega a México, en supuesto viaje vacacional, el primer emisario: el nefando Poinsett(21) . Se entrevista con Iturbide y luego con Azcárate(22), este último narra a Guadalupe Victoria años después su encuentro: “Encontré que el Sr. Poinsett sobre una mesa tenía extendido el Mapa de la América de Melish, y que con vista del, él se empeñó en persuadirme que la línea tirada desde la embocadura del río Sabina en el Mar del Norte siguiendo su curso, el de Natchitoches, y el de Ar-Kansas hasta encontrar su origen, y desde él tirar una línea mental hasta el grado 42 Sur, no era el lindero mejor para perpetuar la división del territorio de la Nación Mexicana y el de los Estados Unidos, porque la navegación de los ríos por individuos de distintas naciones originaba continuas disputas y quimera, los aluviones trastornan su curso, y están sujetos a otras muchas vicisitudes que podrían interrumpir la paz entre uno y otro territorio(23) ”. Es de destacarse que el Acta de Independencia es del 28 de septiembre de 1821. El coloso que Aranda vio con claridad apenas esperó un año para venir a enseñar sus fauces a una nación en ciernes(24) , debilitada política y económicamente, con instituciones públicas en vías de definición.

Continua Azcárate su narración: “Y aunque era cierto que la línea referida estaba convenida por el Tratado de Onis, Enviado de la España, supuesta nuestra gloriosa independencia, se podría variar de mutuo acuerdo eligiendo las tierras que con viveza me señalaba en el mismo mapa, sin mentar siquiera su nombre, y así recorrió de mar a mar”. En otras palabras, “percibí que la idea era absorverse toda la Provincia de Tejas, y parte del Reino de León para hacerse de puertos, embocaduras de ríos y barras en el Seno Mexicano; tomarse la mayor parte de la Provincia de Coahuila, la Sonora y California baja, toda la Alta y el Nuevo México, logrando así hacerse de minerales ricos, de tierras feracísimas, y de puertos excelentes en el mar del sur(25)”.

Concluía Azcárate: “concebí en el momento, que esta era una proposición suelta que hacía el Gobierno para ver el modo con que recibía la especie, y traté de cerrar la puerta en lo absoluto. Reprimiendo la ira que me causó nos supusieran ignorantes en materia tan delicada, le contesté, que el Gobierno en consecuencia del Tratado de Iguala siempre respetaría el celebrado por Onis con la España, y no cedería nunca un solo palmo de tierra. Hubo contestaciones diversas de una y otra parte, y quedamos citados para en el día siguiente continuar nuestra conversación(26)”.

Tras dicha conversación, Azcárate llega a la conclusión que los norteamericanos van tras:
“1.° Apoderarse de todas las tierras feracísimas y ricas de minerales que he referido.
“2° Tener puertos ricos en una y otra mar para hacer exclusivamente el comercio interior de las provincias mediterráneas de nuestro territorio por el río grande del Norte cuya navegación facilitaríase con botes de vapor.
“3° Hacerse exclusivamente del comercio de la peletería, de castor, oso, racón, marta, sibolos, grasas y otros reglones con que comercian los Comanches de las 3 familias y otras naciones bárbaras.
“4° Apropiarse exclusivamente la pesquería de la perla que se hace en las costas interiores y esteriores de ambas Californias, la de la nutria, la del ballenato, la de la cachalaza, la de la sardina y la de la concha; artículos todos preciosísimos de que no hicieron caso los Españoles, (sic) nosotros no nos han merecido hasta ahora la más mínima consideración.
“5° Apropiarse también el comercio de cabotaje, lo que pueden hacer fácilmente estableciendo un pequeño astillero en la embocadura del río Colombia o en el puerto de la Natividad; y cuando nosotros nos dediquemos a ello, construyendo barcos en la embocadura del río Yaqui, Monterrey, Acapulco, será después de que ellos hayan sacado utilidades inmensas, y tardaremos muchos años en poderles igualar en conocimientos y créditos(27) ”.

Poinsett, como bien habremos de ver, no es el único, pero sí el primer norteamericano de historia estadounidense negra y oprobiosa para con América Latina. En 1818-19, sin cargo diplomático alguno(28) logra, por un lado, la liberación de los invasores de la expedición de James Long a Texas y, por el otro, el apoyo al plan de colonización de la misma provincia por Stephen Austin. En su diario leemos: “He pedido y logrado la libertad de treinta y nueve hombres encarcelados en México bajo acusación de conspirar contra el Gobernador de Texas. Nuestro Gobierno no los ha reclamado ni hubiera sido procedente que así lo hiciera; pero el emperador (Iturbide) cedió a mis ruegos con gran generosidad y se les va a enviar a Tampico inmediatamente(29) ”. García Cantú no dice que estos prisioneros eran parte del “ejército al mando de James Long, quien invadió Texas durante cuatro años en la Bahía del Espíritu Santo, Punta Bolivar, desembocadura de río San Antonio. La Bahía y Goliad; unas veces con sus tropas; en otras bajo el mando de James Willkinson(30)”.

Aquellos eran días aciagos para México, en 1823 el efímero Imperio de Iturbide se derrumbaba, Centroamérica y Chiapas se declaraban libres y soberanos. Para nuestra fortuna la solución federalista detuvo la dinámica centrifuga. En España las tropas de la Santa Alianza restauran el absolutismo y voltean hacia América; paradójicamente son los Estados Unidos quienes se llaman amenazados, no en sus territorios, sí en sus apetitos. El 2 de diciembre de 1823 el presidente Monroe sostiene ante el Congreso que toda intervención europea en América será considerada como una agresión a su seguridad interna. Acto seguido y para que no quedara duda sobre el concepto de seguridad interna nombra al inefable Poinsett ministro plenipotenciario en México.

Poinsett, ya embajador, planteo como algo nuevo el problema de la frontera norte. Sus instrucciones eran correrla hasta los ríos Rojo y Arkansas como primer paso para apoderarse de Texas. Lucas Alaman, a la sazón Canciller, lo paró en seco: para México no existían dudas acerca del Tratado Adams-Onis, ni la forma como ahora obligaba a los Estados Unidos y a México. Y, por lo que tocaba a la solicitud de trato de nación más favorecida comercialmente, su respuesta fue que México reservaba ese privilegio para naciones hermanas. Poinsett entonces enfocó sus baterías a presionar la salida de Alaman del gabinete, cosa que desgraciadamente logró.

Para 1825 las indirectas sobre la frontera se convierten en un ofrecimiento para adquirir Texas por parte del secretario de Estado, Henry Clay. En 1830 regresa Alaman a la Cancillería y promueve una ley de colonización que prohibía la entrada de norteamericanos y, en especial, de esclavos. Conviene recordar que la economía de los inmigrantes norteamericanos asentados en el norte de la República se fundaba en la esclavitud, institución que fue abolida en México como el principal reclamo después del de independencia y factor primordial en la decisión de independencia de los texanos. De hecho tres fueron las razones de peso para optar por su independencia: la prohibición de poseer esclavos, en primerísimo lugar, las aduanas e impuestos en segundo(31), y la especulación de tierras generada por el movimiento expansionista norteamericano. Nuevamente, como en su momento encontramos en las causas que llevaron a las colonias inglesas a independizarse de Londres, en la sociedad de Texas privaron los intereses económicos y comerciales sobre cualquier otro criterio, razón pensamiento o instinto. Se anota como fundamento para acreditar lo que Aranda previó con singular visión y la historia ha corroborado con oprobiosa vergüenza. En otras palabras, los texanos no se rebelaron contra un gobierno opresivo, por más que hoy así se quiera hacer aparecer, sino a favor de la voracidad propia de su narcisismo.

Paradójicamente con la declaración de independencia de Texas, los Estados Unidos se deciden a ratificar el Tratado Adams-Onis (1836), más sólo como un esmascaramiento de sus intereses que para entonces habían crecido a pretender, además de Texas, el norte de California y, por supuesto, lo que quedase entre una y otra, y se expresaban en la magnificación de reclamaciones particulares de ciudadanos norteamericanos al gobierno de México como un instrumento de pretexto, presión y amenaza.

Pero los principales problemas con los colonos norteamericanos radicados en Texas tenían que ver con los esclavos. Ante ello, Vicente Guerrero expide un decreto el 16 de septiembre de 1829 por el que prohíbe la esclavitud que, por cierto, sólo existía en Texas; sin embargo, el temor de una revuelta llevan al gobernador de Coahuila -Texas era entonces provincia de este Estado- a solicitar una exención que Guerrero obsequia.

CONTINUARÁ...

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